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Comunicado a la opinión pública - Agosto 9 de 2.006


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¿Diálogo con la sociedad? / Moritz Akerman
  
El país ha abierto un compás de espera a la iniciativa de diálogo entre el Eln y la sociedad en la Casa de Paz.
No se han desbordado las esperanzas pero tampoco ha rechazado la iniciativa: podría resumirse en que hay una credulidad crítica. Lo que sí es evidente es que no estamos en las épocas de Maguncia. Tenemos, en estos tres meses, la necesidad de lograr resultados tangibles en la construcción de confianza y en el acercamiento de las partes, a riesgo de que si no lo logramos, debilitaremos el camino de participación y acompañamiento ciudadano. Un ejercicio inane, sin resultados en el terreno de construcción de confianza y del acercamiento, fortalecerá la idea de que "ese problema que lo resuelva el Gobierno como a bien tenga", tal como me señalaba alguien de la sociedad que llamaba la atención sobre la relación entre riesgos y resultados.
Como dice el Coce, en su comunicado de saludo a la iniciativa de Casa de Paz Para Todos Los Colombianos, una nueva frustración resultaría clausurante.
La responsabilidad aquí tiene que ser de todos. De los ciudadanos y sus organizaciones -partidistas, ONG de derechos humanos, de paz de desarrollo regional etc.- de tal suerte que estimulen un ambiente constructivo entre el Eln, el Gobierno y la sociedad.
Se trata de favorecer la armonía, cuando todavía no hay acuerdos. Se trata de respetar las distintas visiones, aun sobre la propia participación social: las gentes que acompañan al Gobierno -y no son pocas- la encuentran en su representación por el Gobierno.
De lo que se trata es de encontrar consensos para el proceso de superación del conflicto. Los anhelos de desarrollo y superación social y regional se han de concretar o convertir en procedimientos democráticos incluyentes, tanto de los colombianos del común como de los insurgentes, para que en paz nos empeñemos en el proceso de largo aliento por la equidad.
La retórica de anhelos sin proceso y sin procedimientos realistas y democráticos, esto es constitucionales, tienden al empecinamiento en la confrontación.
O a ser combustible para la negación del otro. Si el Eln buscando superar el pasado sectario y excluyente de la izquierda, define esta época de pluralidad y de procesos como "ser con otros", mal haríamos desde la sociedad empecinarnos en discursos maximalistas sociales que estimulen el inmovilismo de la insurgencia.
Me parece, sin fungir de especialista ni de dar consejos a los actores directos, que la responsabilidad también es del Eln y del Gobierno. En el tejido constructivo de la paz, las posiciones arrogantes exacerban los honores y aíslan a los más adelantados y pacíficos y enquistan a las partes.
El debate de las posiciones del Gobierno y del Eln es inevitable, pero ha de ser una escuela para dirimir diferencias de manera civilizada y respetuosa.
La diferencia es consustancial con la democracia. La Casa de Paz puede ser un camino, entre otros, por donde corra el necesario debate entre las posiciones de la sociedad, del Gobierno y del Eln para ayudar a esclarecer los anhelos que están implícitos en las posiciones abiertas de las partes.
Este debate se viene haciendo, cada vez más, sin alusiones personales. La personalización del debate no permite ver en la posición del otro el elemento coincidente sino la diferencia de los extremos.
También parece conveniente reconocer que el debate y el proceso de acercamiento ha de hacerse sin temor a reconocer intereses políticos, intereses que son positivos, mucho más cuando se subordinan al interés máximo de la política: la convivencia en paz para la competencia democrática de los distintos intereses en la redistribución del ingreso, esto es, en la lucha por la equidad y contra la pobreza. El aspecto de la política en el proceso de paz y la reinscripción del proceso de paz en la agenda política electoral, tiene mayor relevancia cuando nos acercamos a la campaña electoral: rehuirlo sería de avestruces.
Más bien se trata de compaginarlo con el interés supremo de la política, la paz. Será labor de orfebres donde los Garantes Ciudadanos y todos debemos velar porque la ambición pequeña de protagonismos políticos no meta mucho ruido en la ambición grande de que las partes lleguen a una Mesa de Acercamiento para que avancemos efectivamente en la superación del conflicto.

 
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